Comunicando…con naturalidad

Tras muchos años dedicándome al periodismo, a la comunicación, son muchas más las dudas que las certezas, pero si hay algo que tengo claro es que en esta profesión uno de los mejores aliados es la naturalidad, y el peor de los enemigos: la impostura.

“Espontaneidad y sencillez en el trato y modo de proceder”, así define la RAE la naturalidad y así  la entendemos la mayoría. La naturalidad debería ser, por tanto, algo inherente al ser humano. Si nos comportamos con naturalidad cuando estamos solos o incluso cuando estamos en familia, con nuestros amigos…¿Por qué no lo hacemos cuando estamos en otros entornos sociales? No tengo respuesta para esa pregunta. Lo que si sé, en base a mi experiencia, es que la naturalidad, además de ser algo innato, también se aprende; como se aprende la seguridad en uno mismo o la propia capacidad de comunicar. La tres están directamente relacionadas.

Detrás de la inhibición de la naturalidad, como de otros tantos comportamientos humanos, está el miedo a lo que piensen de nosotros; el miedo a saltarnos las normas y convencionalismos sociales que nos condicionan y oprimen y nos obligan a dar una imagen de nosotros mismos irreal y basada en la impostura. El miedo, tan positivo como indicador de peligro, cuando es escénico puede llevarnos incluso al desmayo, a una perdida de confianza tan grande que nos haga desear salir corriendo. Es ahí donde cobran sentido las preguntas ¿Que tengo que temer? ¿Acaso corre peligro mi vida?¿Qué  hace que el otro, o el auditorio que tengo ante mi,  me haga sentir tan mal? ¿Acaso son mejores que yo? No. Nunca. Cada uno de nosotros somos seres únicos y por tanto ni mejores ni peores que nadie. Únicos.

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La naturalidad es liberadora, cuando se ejerce de manera consciente, porque te permite ser tu , sin tapujos y sin miedos; la naturalidad te da la oportunidad de comportarte como eres, con autenticidad y de comunicarte de la misma manera. Sin embargo la naturalidad, y esa es la mala noticia,  no lo es todo. Para que exista una buena comunicación debe existir empatía: “capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos” .

Sin naturalidad y empatía es imposible que exista una buena comunicación, especialmente oral, que se establezcan canales y vínculos tan importantes en la comunicación como la credibilidad y la confianza.

Comunicarse bien no es solo disponer de un amplio vocabulario, recursos lingüisticos y estilísticos y capacidad dialéctica. Si la tienes mejor, pero si la ejerces sin naturalidad y empatía es muy posible que caigas en la charlatanería, y tras una buena impresión inicial de tu interlocutor, ésta se convierta en sopor y termines aburriendo al personal con tu discurso ( quien maneja el lenguaje con facilidad tiende a extenderse en exceso, provocando distracción en el receptor y perdiendo por el camino elementos fundamentales en una buena comunicación). No digamos nada de aquellos que no manejan el lenguaje y se repiten una y otra vez, lo que lejos de conseguir el objetivo inicial, le alejan de él.

Por tanto, seamos como somos  y pongámonos en el lugar del otro. Seremos, sin duda unos grandes comunicadores, lo que no implica que seamos reconocidos por ello.